Mi amigo fiel

Cuando tenemos a Dios en nuestras vidas, estamos caminando con confianza, puesto que Dios es nuestro amparo y refugio y que nunca nos dejara desprotegidos.

espiritu de dios

El Espíritu de Dios es nuestro gran consolador

La Palabra de Dios nos manifiesta en el evangelio de San Juan que:



“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16)


Por lo general, no nos gusta estar solos por tanto tiempo, incluso no fuimos creados para vivir aislados al resto del mundo, si vamos a las Sagradas Escrituras en el libro de Génesis 2:18 desde el principio Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”

No obstante, existen situaciones en la vida que nos aíslan, o tal vez nos sentimos solos a pesar de que estemos acompañados de nuestra familia o nuestra pareja, sea cual sea la situación si tiene a Cristo en su corazón no estará nunca solo.

Jesús a sabiendas que sus seguidores se sentirían abandonados luego de haber sido crucificado y ascendido, Él les prometió enviarles un ayudador, el cual nunca los dejaría; y sería el Espíritu Santo, el cual fue derramado en el día del Pentecostés, aún permanece dentro de cada creyente. Su propósito es que nos acompañe constantemente, nos fortalezca y capacite.

¿Por qué el Espíritu de Dios es un fiel amigo?

A diferencia de los humanos, el Espíritu Santo, es perfecto y muy competente, el cual satisface todas las necesidades, ya que nos conoce íntimamente, Él nos puede consolar en las pérdidas y en el dolor, aún cuando nadie es capaz de hacerlo.

Las veces que estamos en medio de un dilema, Él tiene la certeza de lo que debemos o no hacer, puesto que conoce el futuro y tiene la solución, conoce cada detalle que nos preocupa o atormenta, lo mejor de todo es que nos guía a cada paso de nuestro sendero, venciendo las deficiencias y tranquilizándonos ante los temores.

Se puede decir que Él es la completa solución ante la soledad y frustración del hombre, siempre se encuentra disponible, nunca nos desampara, cuando alguien nos defrauda el consolador nos recuerda que no estamos solos.

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