¿Qué dice Dios sobre las tentaciones?

La vida del cristiano no es fácil, mientras muchas personas piensas que estar en este entorno es algo sencillo, en realidad no lo es. Cada paso que el creyente da, puede ser bueno o malo, puede traer consecuencias o bendiciones. Desde que decidimos dejar el mundo y entrar en los brazos de Dios, conocimos el bien y el mal, y entendimos que el enemigo puede asecharnos en cualquier momento por la herida que más nos duele.

Para llegar a ser varones perfectos, como dice en la biblia, tenemos que ser pasados por pruebas de fuego; y es que cómo conozco mis límites, qué me afecta, qué no debo hacer, en qué soy fuerte, o en qué soy débil, si no paso por un filtro. Para ser fuertes debemos entrenar, y para mostrar que nuestros músculos están bien formados, debemos entrenar. Algo así es con la vida, para llegar a tener los frutos del espíritu, pasaremos por muchas pruebas, y cuando ya tengamos esos frutos debemos demostrar que están firmes, por lo cual vendrán otras pruebas. De esto se trata el artículo, de una de las pruebas más rudas, las tentaciones, aquellas que vienen desde hace muchos años de historia.

¿Qué son las tentaciones?

Esta palabra proviene del latín “temptatĭo”. Su significado tiene relación profunda con el deseo, ya que es un tipo de inducción o instigación a algo que anhelamos tener, sentir, hacer, e incluso pensar.

Para Dios, la tentación no es un indicio a hacer algo adecuado, sino todo lo contrario. Las tentaciones vienen a convertirse en un impulso a algo que traerá consecuencias posteriormente, pero que realmente deseamos. Este estimulo conlleva a las personas a caer en el pecado, por lo cual se convierte en una estrategia del enemigo para alejarnos de Dios.

Los actos que promueve la tención parecen buenos, muestran caminos fáciles, pero en realidad son situaciones que te hacen caer en algo que quieres pero que no es  bueno. Muchas personas dicen: “haz lo que quieras, es tu vida”; esto es cierto, pero cada quien debe tener su límite, pues “todo me es lícito, más no todo me edifica”. Por más que queramos algo, hay veces que esas cosas no son buenas, y que en el momento parece ser perfecto, pero luego se convertirá en un desgarre emocional, físico; consecuencias que no necesitamos.

¿Cuándo comenzaron las tentaciones?

Las tentaciones no son pruebas puestas por Dios, ya que Dios no nos prueba, Él nos da la fortaleza y herramientas para superar obstáculos. La tentación realmente comienza con el deseo de tiempos pasados.

Aquí hablaré un poco de la famosa historia de Adán y Eva. Ellos eran humanos perfectos, creados por Dios para ser felices en la tierra que este había creado. Dios sólo les dijo que no hicieran una cosa, una sola cosa, y era no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Parece ser una orden fácil del cumplir, ¿no?

Un día, una serpiente le apareció a Eva, incitándola a comer de aquel árbol prohibido. Con la excusa de “¿qué te pasará?”, “Dios no te matará”, “si lo impide es por algo”, entre otras situaciones que hicieron que Eva hiciera caso a dicha serpiente, quien era el mismo Diablo en persona.

Con la acción de Eva y el acto posterior de Adán, Satanás ganó, pues incitó a que el hombre desobedeciera una ley, dejándose llevar por su propia concupiscencia, y que trajo consigo una consecuencia, que fue ser expulsados del jardín del Edén.

las tentaciones

Manifestación de las tentaciones

Para cada persona hay una tentación diferente, pues todos somos distintos y únicos. Existe algo que es un error muy grande y conocido por la mayoría de los cristianos; cuando viene una tentación decimos “no Satanás, aléjate, te reprendo”, pero ¿esto te funciona realmente? Puede que algunas veces funcione, pero las tentaciones no solo se tratan de eso.

Existen dos maneras en las que esta se manifiesta, y es por medio del enemigo y por medio de la carne, es decir, por nosotros mismos, por nuestros propios deseos mundanos. Claramente hay cosas que deseamos y que van en contra de Dios. El enemigo te pondrá en muchas oportunidades con cuestiones que incluyan tu debilidad, y si te guías por él, caerás. Pero no solo él te lleva a esas situaciones, tú también puedes hacerlo por ti mismo, no hace falta culpar a alguien más.

¿Eres mala persona por tener tentaciones?

Todos somos pecadores, es cierto, por eso no está mal que vengan tentaciones, pues siempre deseamos hacer cosas que nos apartan de Dios, está en nuestra naturaleza inclinarnos al pecado. Dios reconoce que somos tentados, el problema no está en que tengamos tentaciones, sino en cómo las enfrentemos. Muchos deciden tomar el camino fácil, pecar y luego recibir grandes consecuencias, pero esto no le agrada a Dios. Sí, tenemos su perdón si nos arrepentimos, pero no significa que mientras pequemos pensemos “lo haré y luego me arrepiento”, así no funciona Dios.

¿Cómo actuar ante las tentaciones?

Enfrentar las tentaciones no es fácil, pero tampoco imposible. Cada quien es tentado por su propio deseo, pero nadie es probado por algo que no puede superar. Me explico, Dios no permite pruebas que no lograremos pasar, ya que Él nos conoce, y sabe que sí podemos ser valientes y fuertes para ganar la batalla.

Existen muchas maneras de enfrentar la tención, pero no se trata de un día o el momento preciso en el que aparece, sino de toda una vida trabajando para ser fuertes y firmes ante cada prueba.

Ora

La oración es la clave para comunicarnos con Dios, pero no se trata solo de eso. Hablar con Dios te da valor. Pídele que en el momento de la tentación, Él esté presente para ayudarte a superarla.

Lee la biblia

En la biblia siempre están las respuestas para todo. Es muy importante que te nutras. También es importante que tengas los frutos del espíritu, y ellos se obtienen con mucha obediencia, y leer la biblia es un gesto de obediencia.

Reconoce qué te hace caer en pecado

Conócete tú mismo. Evalúa qué es aquello que te lleva a pecar. Cuando lo tengas claro, observa las derivadas de ese hecho, y aleja todo aquello que te lleve al mal.

Aléjate de lo malo

Si sabes que una acción o pensamiento puede llevarte a pecar, aléjate, no te hagas el fuerte, pues por más que pienses que puedes lograrlo, no lo harás, ya que tú mismo te estás llevando al vacío, Recuerda también que cuando algo se enfrasca en el corazón, es muy fácil accionarlo luego.

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